TACOS CAMARENA

 

TACOS CAMARENA: CLAVE AUDIOVISUAL PARA UN TACO CHILANGO CONTEMPORÁNEO

CDMX, Mexico, 2026

 
 

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Inspirado en el legado de Guillermo González Camarena, el nuevo proyecto
de MYTGLVDK toma la televisión a color como origen y la traduce en arquitectura, interiorismo y gráfica para dar forma a una taquería actual.

Concebido como la primera puerta de Espacio Camarena, Tacos Camarena replantea el taco chilango desde una mirada integral: arquitectura, interiorismo y branding se articulan en una sola lectura. Diseñado en una superficie de 164 m2 por MYTGLVDK —dirigido por Regina Galvanduque y Andrés Mier y Terán—, la taquería favorece lo inmediato sin perder intención: acceso franco, servicio al frente y un lenguaje visual de lectura ágil. La referencia es audiovisual: la televisión a color y el pulso de los setenta y ochenta, traducidos en cromados, rojos brillantes, tipografías de trazo firme y una trama pixelada que asoma como guiño y umbral.

Autónoma y, a la vez, antesala del universo contiguo de música e imagen, funciona igual para unos tacos rápidos que para quedarse.

El proyecto se inspira en el legado de Guillermo González Camarena y en la idea de imágenes compartidas entre generaciones, para construir un relato espacial sobre el paso entre lo análogo y lo digital. La taquería se piensa como un estudio de televisión de mediados del siglo XX: un lugar donde la escena está a la vista y lo popular se vuelve materia. El motivo de píxel —presente en muros, servicios y piezas gráficas— aparece como una vibración de señal, un grano fino deliberado que acompaña la transición hacia el programa contiguo, y al mismo tiempo, afirma el carácter interior.

El pasado se reinterpreta para activar memoria y traducirla en decisiones actuales, cuidadas y consistentes con el ritmo de una taquería contemporánea.

 
 
 

En planta, la composición privilegia la presencia del servicio y la fluidez del recorrido. Cocina y barra se ofrecen como escenario, un frente continuo de trabajo que permite ver el ritmo del trompo, el armado y la entrega, respaldado por un gran tablero de menú que opera como gráfica arquitectónica. El salón organiza mesas compactas para rotación ágil y sobremesas prolongadas, con pasillos bien calibrados y una secuencia que introduce orden sin rigidez. Las visuales se proyectan sin obstáculos hacia el punto de servicio, mientras los bordes se resuelven con booths que construyen “naves” laterales y hacen del perímetro un lugar habitable. El patrón cuadriculado en textiles y revestimientos refuerza la idea de encuadre: comer también es asistir a una escena y formar parte de ella.

 

La materialidad apuesta por superficies honestas, resistentes y de alto impacto visual. El piso rojo, brillante y continuo, recoge reflejos y convierte el movimiento en una capa del ambiente. Sobre él, estructuras cromadas, perfiles tubulares y planos metálicos de acento industrial dialogan con un mosaico blanco y negro que marca fondos y servicios. En la cocina, frentes con relieve y planos en acero inoxidable subrayan la vocación de servicio del lugar. En contrapunto, un óvalo en el techo actúa como luminaria principal: aporta calidez controlada, equilibra la saturación del rojo y vuelve más amable la estancia.

El conjunto logra una atmósfera intensa en color, pero sobria en su lógica constructiva y amable en su mantenimiento.

 
 
 

El mobiliario completa el concepto de set sin estereotipos. Sillas y mesas con estructuras tubulares cromadas, evocan al diner; los booths integran respaldos con grafismos pixelados y tapicerías bicolor que dialogan con los muros sin recargar. La producción del mobiliario sostiene una coherencia de detalle y una resistencia pensada para el uso cotidiano.

A lo largo de los ventanales se despliega una línea suspendida que funciona como marquesina interior: perfiles metálicos, acentos luminosos y contenedores rojos con vegetación aportan ritmo y profundidad. La iluminación combina un gran plafón ovalado con colgantes que puntualizan mesas y barra, equilibrando atmósfera y trabajo. El resultado prioriza confort y durabilidad sin perder carácter.

 

En Tacos Camarena, el branding organiza la experiencia desde el primer gesto. Tipografías de trazo decidido, empaques y frases memorables construyen identidad inmediata, incluso para quien entra sólo por un taco rápido.

El lema “Los mejores tacos, punto”, sintetiza esa manera de hablar sin rodeos;

a su alrededor, el sistema gráfico expande el píxel hacia cerillos, take out y piezas de mesa, extendiendo la marca fuera del local con naturalidad. La vajilla de peltre —en café, crema, rojo y naranja— dialoga con mesas de fórmica roja, cantos en tzalam y borde de acero, reforzando una identidad que se reconoce a la distancia. Tickets, posavasos y pequeños impresos mantienen el pulso gráfico, claro y cercano, sin competir con lo culinario.

 
 
 

La propuesta se descubre por capas: primero aparece el color y la referencia audiovisual; después, el cuidado del detalle.

Salseros y accesorios de mercado conviven con superficies pulidas, mesas brillantes y un menú entendido como una gran pieza gráfica permanente. A ese guión se suma un repertorio de bebidas y refrescos de espíritu retro.

En un momento en que proliferan taquerías “de tendencia”, este proyecto se posiciona desde lo chilango: preparaciones locales y el ritual de comer algo sencillo para abrir o cerrar la jornada.

La cocina y el servicio sostienen esa autenticidad sin exageración; el diseño la acompaña, la afina y la hace más evidente.

 
 
 

Tacos Camarena se suma al panorama gastronómico de la ciudad como una pieza de diseño con vocación abierta: cercana, hospitalaria y profundamente capitalina. Su mérito está en traducir cultura popular a decisiones concretas de arquitectura, interiorismo y comunicación visual, sosteniendo un relato coherente desde los muros hasta el plato. En colaboración con Pepe Díaz, MYTGLVDK reafirma su enfoque 360o en un proyecto donde comer, mirar y recordar son acciones simultáneas, y donde la convivencia se vuelve parte del programa.

La taquería funciona como capítulo inicial de un universo mayor, pero también como destino propio: un lugar para reunirse, compartir y regresar, con la naturalidad con que una imagen termina quedándose en la memoria.